Friday, December 18, 2009

La ciudad automática

La discusión de la diversidad étnica en “La ciudad automática” revela el prejuicio del autor como observador de otra época (que nuestra) y de otra cultura que la estadounidense. Mientras habla de los Estados Unidos como un país que destruye las particularidades físicas de cada raza, Camba demuestra una cierta admiración de la capacidad de gente de todas partes de coexistir relativamente en paz. Lo más interesante en su exploración de la raza en Nueva York es su discusión de los negros en Harlem, y su cultura como “the real thing.” Marcando la hipocresía inherente en la sociedad de esa época de oprimir la gente negra mientras usar su cultura como escape de la cultura blanca hegemónica, Camba demuestra las ventajas de ser un observador extranjero. Aunque él tiene un punto de visto que no sería considerado necesariamente correcto políticamente, Camba al mismo tiempo no pretende ser un observador que quiere pintar una visión utópica de los Estados Unidos. A diferencia de los otros textos que hemos leído en clase, la parcialidad de Camba en esa obra amplifica su descripción de la cultura americana por posición extranjera y su crítica del tratamiento de la gente de otras razas, en vez de limitar nuestro entendimiento de “the real thing” como lectores.

El tiempo y el hecho en “Negra espalda del tiempo”

En “Negra espalda del tiempo,” Javier Marías discute la relación entre la temporalidad de los hechos y la inmortalidad de la escritura. Como dice en el texto, “[L]o que nunca pueden reproducir es el tiempo pasado o perdido ni resucitar al muerto que ya pasó y se perdió en ese tiempo.” (10) El intento de re-crear los hechos, aunque quizás algunos lo nombrarían como historia verdadera, es intrínsecamente ficcional, porque, según Marías, el lenguaje no tiene el poder de resucitar al pasado. Esa limitación del lenguaje también se aumenta por las limitaciones intrínsecas de la memoria y de la interpretación personal del autor—el testimonio de un testigo nunca puede ser “la verdad” porque no tiene control sobre lo que se acuerda y como se lo acuerda. (10-11) Hablando de la finalidad de la muerte (como final concreto de la vida), Marías demuestra que “las narraciones que inventamos,” a pesar de ser ficticios, son continuaciones de nosotros mismos, y, en ese sentido, sirve como modo de inmortalizarnos. (14)
En ese sentido, la distinción entre ficción y realidad se hace menos importante que el intento de continuar la vida por la escritura, sea ficcional o no. Vemos esa idea más profundamente en la obra misma, que Marías distingue como un proyecto que también quiere “relatar lo ocurrido” pero todavía existe como una crónica ficticio del pasado. (11) Como dice, “A diferencia de lo que sucede en las verdaderas novelas de ficción, los elementos de este relato que empiezo ahora son del todo azarosos y caprichosos, meramente episódicos y acumulativos” (11-12) Utilizando el carácter simultáneamente verdadero y ficticio de su obra, Marías juega con la temporalidad del relato verdadero, y demuestra que las obras que pretenden ser verdaderos no tienen que limitarse por los aspectos del mundo real, como el tiempo lineal, porque el uso del tiempo mismo es una interpretación del pasado, es decir, es ficción.

Federico Sánchez se despide de ustedes-El metamorfosis de Jorge Semprún a Federico Sánchez a Jorge Semprún otra vez

Ese texto de auto-traducción delinea las múltiples identidades del autor como 1) lector 2) escritor (que algunos pueden argüir se diferencia de ser un autor) 3) narrador, 4) traductor, y finalmente 5) ser humano que vive en una cierta realidad y existe como el producto de su pasado, presente, y futuro, inventado o no. Esa última identidad, es decir la existencia del autor en el mundo verdadero (sea lo que sea), se hace importante en ese auto-retrato por la relación compleja entre las dos identidades nombradas de Jorge Semprún y Federico Sánchez. El tiempo que Semprún pasaba en el campo de concentración de Buchenwald sirve como el fulcro de su experiencia como un autor—ese periodo marca los cambios que resultan en una cierta ruptura en su identidad: “Porque lo cierto es que solo podía ser yo mismo como escritor, y la escritura me había sido imposible. Me había sido imposible convertirme en mí mismo. […] Así me convertí en otra persona, en Federico Sánchez, para poder continuar siendo alguien.” (29) Con eso, el tema de auto-traducción se hace más complejo—más que un intento de traducir entre lenguas, ese texto habla del intento del autor de traducirse de una identidad política/social/cultural a otra, de un nombre a otro. Por lo tanto, podemos de-construir la auto-traducción de esa obra no sólo como un proyecto literario de demostrar la resonancia cultural de una lengua, sino también como un proyecto personal del autor de volver a ser sí mismo.

LAZARILLO DE TORMES-La importancia del narrador

En ese texto clásico, el protagonista y narrador, Lazarillo de Tormes, ofrece una crítica de la sociedad de su época sin poner la culpa de sus opiniones polémicas en el autor. La falta de autor y la controversia sobre la obra sugieren que el autor probablemente quería evadir persecución por sus criticas de la sociedad, y además, de la iglesia. Sin embargo, esa falta del nombre del autor se compensa con la presencia fuerte del narrador. Desde el principio del texto, Lazarillo narra su historia casi como una justificación de sus acciones; en el prólogo, se menciona que Lazarillo está narrando el cuento a un clérigo como una auto-defensa. Ese aspecto, es decir el intento personal de la obra, es evidente en la parcialidad del narrador—por todo el cuento, Lazarillo habla de sus desgracias como una indicación de su carácter inocente, y al mismo, del carácter malevolente de los demás. A pesar de ese egoísmo aparente, la voz del narrador en ese texto contribuye al desarrollo del yo en la historia literaria, y por lo tanto, marca el comienzo del énfasis en el “yo”, y también del género del realismo (aunque el cuento mismo no es realista.) Por lo tanto, aunque algunos pueden argüir que él mismo es un hipócrita por criticar las ilusiones de otros mientras ser parte de la ilusión del matrimonio que tiene al fin, la parcialidad obvia del Lazarillo, y su falta de auto-crítica, tiene su importancia por el proyecto político como crítica social y también por su ingenio literario.

La novela en el tranvía --La ciudad legible

“La novela en el tranvía” explora la relación entre la literatura y la ciudad por el personaje del narrador. Durante su viaje en el tranvía, el protagonista lee el folletín, el periódico que cubre su pila de libros, e interpreta los eventos que ocurren en el tranvía como continuación del cuento en el periódico. Usando el acto cotidiano de viajar en el tranvía, Pérez Galdós demuestra las posibilidades infinitas de utilizar la ciudad como fuente de inspiración literaria. Esa potencial se puede explicar como algo único a la ciudad (en comparación al campo) por el hecho de que la ciudad este saturada con gente, y por lo tanto, está saturada con los cuentos de esa gente. Como vimos en “Ventajas de viajar en tren,” la relación entre esos cuentos—es decir, el cuento de la condesa en “La novela en el tranvía” y el cuento del Doctor San Agustín en “Ventajas”— y la realidad (lo que sea) no es tan importante que la reacción que tiene el receptor de esos cuentos. En “La novela en el tranvía,” el protagonista/lector/viajero está tan involucrado en el cuento que lee/crea que manipula su ambiente para concordar con la trama—para él, y para el lector, el cuento como ficción o historia verdadera no nos importa porque se hace verdadera por la insistencia del protagonista. Como consiguiente, podemos interpretar “La novela en el tranvía” como una representación de la ciudad como simultáneamente inspiradora y engañosa.

El disputado voto del señor Cayo

En “El disputado voto del señor Cayo,” Miguel Delibes explora el clima político en España después de la muerte de Franco y la caída del gobierno franquista. Usando el personaje de Víctor, Delibes habla de la noción del político como un redentor secular. En esa época, después de tanto tiempo bajo un gobierno dominante y militante, España estaba buscando a un poder político que sería un salvador contra la tiranía política. Esa búsqueda se muestra en el personaje de Víctor, un hombre bien optimista al comienzo de la novela sobre su capacidad de cambiar las condiciones del país y, como consiguiente, renovar un cierto nacionalismo orgánico (versus impuesto por el gobierno.) Para cumplir esa meta, Víctor y sus dos compañeros, Laly y Rafa, deciden llegar a la circunscripción electoral agraria, y conducen por el campo en búsqueda de votos de la gente común. Sin embargo, en vez de encontrar votos, los tres viajeros se encuentran con una gente sin fe en el poder político, el ejemplo más obvio el Señor Cayo. Un hombre que vive sólo según sus necesidades básicas, Señor Cayo le da una voz a la gente del campo español que, en contrario a la opinión popular, tiene mucha sabiduría sin tener una educación. En ese sentido, Señor Cayo sirve como contradicción a los estereotipos que él parecería encarnar. En vez de ser un hombre ignorante por ser del campo y por ser viejo, Señor Cayo demuestra una inteligencia profunda. Al fin del cuento, Señor Cayo demuestra que no hay una cultura que es mas cultura que otra, que la manera que vive Señor Cayo tiene tanta legitimidad que la de Víctor. (168) Al fin del cuento, Víctor, el redentor político esperado, se da cuenta de que, en vez de encontrar una gente que necesitaría la ayuda del gobierno, han encontrado un gobierno que necesita la ayuda de la gente, que han “ido a redimir al redentor.” (172)

El prólogo de Vida por Santa Teresa de Jesús

La parcialidad de las descripciones de la mujer, ya explorada en “Un destripador de antaño,” es evidente en el prólogo de Vida por Santa Teresa de Jesús. En ese prólogo, Padre Domingo Banes presenta el libro de Santa Teresa como un texto religioso verdadero, e intenta probar su veracidad con una revisión de la vida y la escritura de Santa Teresa. Sin embargo, a pesar de su conclusión que el texto se puede considerar una crónica verdadera, comienza el prólogo dudando la legitimidad de Santa Teresa por causa de su género. El Padre Banes introduce al texto con una descripción de Santa Teresa como una mujer educada; justo después, utiliza su género como indicación posible de una exageración de sus visiones religiosas: “[Las revelaciones] siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios y en poner en ellas la santidad.” (557) En ese párrafo, el Padre Banes explica la vulnerabilidad de la mujer a Satanás, quien típicamente se muestra a las mujeres porque son más fáciles de decepcionar. Esa caracterización no debe ser una sorpresa—la posición social de la mujer en esa época obviamente no era al mismo nivel que la del hombre. Sin embargo, la parcialidad obvia contra la mujer que tiene el autor puede servir como un aviso de la parcialidad inherente del autor, y de la necesidad de leer esos textos con análisis crítico.