Tuesday, September 29, 2009

España como la península del continente europeo

Si se puede decir que Europa es la península del continente asiático, quizás podemos hacer la misma comparación entre España y el continente europeo. Como hemos analizado en clase, la crisis de la identidad española se ha manifestado en reacciones muy fuertes contra la mezcla cultural, específicamente con respeto a los musulmanes e hebreos en España. Esa distinción nos indica que ese rechazo de asimilación fue dirigido a ciertos grupos étnicos, y no todos los grupos que han influido o contribuido a la cultura española; en efecto, la creación de una identidad “española” ha sido un proceso selectivo.
Vemos esa idea en la obra de Goytisolo, que dice que la historia española se cruza mucho con la historia mediterránea; sin embargo, parece que España lo ha dado más legitimidad al legado romano en comparación a su legado árabe. Podemos interpretar ese como un intento por parte de España a identificarse como un país europeo. Al fin del siglo XIX, cuando perdió su poder extranjero con la independencia de Cuba, España comenzó a cuestionar su identidad afuera de sus colonias, que resultó últimamente en las obras de la Generación del 98. Como un país que ahora también se encuentra llena de divisiones, sea geográficas, culturales, religiosas, etcétera, parece que España, en ese momento en su historia, intentaba incorporarse en la entidad más larga de Europa, hasta que la subida de Franco causó una vuelta a la ideología de insolación e homogeneidad.

El tema de la identidad nacional en “Cartas marruecas”

En “Cartas marruecas,” José Cadalso explora el tema de la identidad nacional por un punto de vista extranjero; además, él utiliza el punto de vista de un grupo étnico que históricamente tenía relaciones muy problemáticas con los (auto-llamados) “españoles.” La auto-identificación de Cadalso como extranjero, además como un moro, nos indica que él, a lo menos, quiere adoptar (o quizás ya ha adoptado) una perspectiva afuera de la de “España vieja,” es decir, la facción que quiere que España sea aislado del mundo exterior. Al mismo tiempo, él también parece creer que la identidad española no se puede formar con respeto al “otro,” que España no puede usar la globalización como vehículo para distinguirse como un país superior.
Por usar la voz de un grupo marginalizado, Cadalso explora la idea de la identidad nacional como algo que no se puede producir por la fuerza. Como vimos en el pasaje de Don Quijote, los moros se identificaron (en algún momento a lo menos) como españoles porque hablaron la misma lengua, y, además, adoptaron la misma religión que supuestamente no les permitía quedarse en España. La historia española, y la experiencia del autor mismo, parece darle la perspectiva que la identidad nacional en España sigue estar definida por, el lenguaje, la religión, y el país en que vive uno. Sin embargo, la formación de una identidad distintamente “española,” que ya no ha ocurrido a pesar de la “limpieza” brutal de la sangre española, se puede ver como una reflexión de una España confundida que quiere dirigir la culpa de esa crisis de identidad a un grupo específico.

Sunday, September 20, 2009

La seducción y los símbolos en “El celoso extremeño”

El personaje de Loaysa, como la figura del seductor en el cuento, se identifica al principio como un hombre en disfraz. Para conseguir la oportunidad de cautivar la atención de su “amante” (realmente su conquista), él tiene que cambiar su apariencia para poder ganar acceso a “la fortaleza” tan guardada de ella. Lo interesante es que Cervantes utiliza el símbolo de la guitarra como el modo de seducción, diciendo que “tal es la inclinación que los negros tienen a ser músicos.” Por las canciones que toca Loaysa, efectivamente por la guitarra misma, Loaysa se convierte el hombre estereotípicamente romántico.

La guitarra, una imagen que ha sido históricamente uno de los símbolos más potentes del país, se usa en ese contexto como un instrumento (juego de palabras no intencional) en la “caída” de Leonora (causado por Loaysa). Además, vemos que Loaysa identifica sus canciones como los de los moros, evocando la imagen del gitano, otro símbolo español muy importante. En ese sentido, podemos ver que los símbolos (o quizás, los estereotipos) de España han sido parte de su historia literaria hace muchos siglos; o quizás que Cervantes, una figura esencial en la historia del desarrollo de la literatura española, y de la literatura mundial, creó esos símbolos para construir (o reforzar) una identidad española.

Sobre “El celoso extremeño”

La dinámica entre hombre y mujer en el cuento “El celoso extremeño” se puede ver cómo una ejemplificación de las diferencias de poder entre los dos sexos representadas con frecuencia en la literatura española. La figura de la mujer en ese cuento parece ser el producto de las acciones de otros, específicamente los personajes masculinos. Leonora, encarcelada en la casa de un hombre viejo y rico (además, rico por razones cuestionables, es decir, como conquistador), está perseguida por un hombre que pretende ser músico mendigante; cerrada e ignorante del mundo exterior, ella no hace nada en el cuento sin el consejo de sus criadas. Al otro lado, tenemos los dos hombres en la vida de Leonora. El primer es su esposo, Felipo, demasiado viejo y aparentemente preocupado sólo por mantener la pureza de su hermosa mujer, pero capaz de tenerla no por su propio valor ni hermosura, sino por su riqueza supuesta. El segundo, Loaysa, se puede caracterizar como un personaje muy parecido a lo de Don Juan Tenorio—los dos hombres parecen ver a las mujeres de sus cuentos respectivos como objetos que tienen que ganar simplemente por “el deseo de ver si sería posible expuñar, por fuerza o por industria, fortaleza tan guardada.” (107) A pesar de esa diferencia obvia de poder entre los dos géneros, vemos que últimamente, Felipo se dio cuenta de su miedo irracional, y la mujer, aunque viuda al fin, tiene el poder de decidir la manera de su propia vida y se hace monja, casi como un renuncio de todos los hombres.